Columnista InvitadoCulturaCuriosidadesLos Niños Héroes; ni tan Niños ni tan Héroes.

Se dice que los Niños Héroes ni eran niños ni eran héroes. Esta es la verdad a medias
laverdaddelcentroseptiembre 12, 20191839 min

   Aguascalientes, Ags. Viernes 13 de Septiembre del 2019 “este mes recibe su nombre en honor del emperador romano Octavio Augusto (Octavius Augustus)”.

Redacción.-

De acuerdo con la historia oficial, el 13 de septiembre de 1847 el ejército invasor (norteamericano) se lanzó al asalto del castillo de Chapultepec con mil 200 soldados que se enfrentaron a seis cadetes del colegio Militar, pero aquel 13 de septiembre había poco más de 800 soldados mexicanos, que fueron apoyados por el batallón activo de San Blas con 400 hombres, más medio centenar de cadetes del Colegio Militar, no solo seis. Cerca de 400 soldados habían desertado; alrededor de 600 murieron y de los cadetes, seis perdieron la vida

Se dice que los Niños Héroes ni eran niños ni eran héroes. Esta es la verdad a medias. Indudablemente no eran niños: en septiembre de 1847, Francisco Márquez y Vicente Suarez andaban por los 14 años de edad; Agustín Melgar y Fernando Montes de Oca tenían 18; Juan de la Barrera 19 y Juan Escutia 20 años.

Sí fueron héroes por haber tomado las armas para defender el territorio nacional; porque quizás el mayor mito que rodeaba a los niños héroes es la conmovedora escena en la cual, Juan Escutia que no era cadete del Colegio Militar -toma la insignia tricolor y decide arrojarse desde lo alto del castillo de Chapultepec antes de verla mancillada por los invasores-.

La verdad es que Escutia no murió por un salto ni envuelto en una bandera, cayó abatido a tiros junto con Francisco Márquez y Fernando Montes de Oca cuando intentaban replegarse hacia el jardín botánico, (la bandera mexicana fue capturada por los estadounidenses y devuelta a México hasta el sexenio de José López Portillo) no tenía la obligación de permanecer en el castillo por su condición de no cadete, y la hazaña de Juan Escutia fue por mucho tiempo la leyenda romántica más socorrida de la historia oficial. El mito por excelencia.

Sin embargo, la heroica defensa del pabellón nacional no sucedió en el castillo sino días antes, el 8 de septiembre, en la sangrienta batalla del Molino del Rey y otro fue su protagonista. Miembro del batallón Mina, el capitán Margarito Zuazo fue uno de los últimos oficiales en sucumbir ante el furioso enemigo. “Era un mocetón arrojado y le hirieron de muerte, y a chorros le corría la sangre viéndose perdido, coge la bandera del batallón Mina, matando a los que se echaban sobre ella, la dobla y la acurruca en su seno. Con el pabellón en su poder, logra llegar al edificio principal de Molino del Rey, allí se quitó la chaqueta y la camisa y la enredó contra su cuerpo la bandera. La amenazante cercanía de los norteamericanos no lo amedrentó; cuando la batalla tocó la última llamada, el capitán regresó al combate. Las bayonetas invasoras no tuvieron misericordia de su cuerpo, Zuazo se retiró moribundo pero logró salvaguardar la bandera”.

 

Los verdaderos héroes no se encuentran en la historia oficial.

La historia de los niños héroes adquirió dimensión de un cantar de gesta durante el periodo del presidente Miguel Alemán. La razón era sencilla, en marzo de 1947 el presidente de los Estados Unidos, Harry Truman, realizó una visita oficial a México cuando se conmemoraban 100 años de la guerra entre ambos países. Para tratar de agradar a los mexicanos, colocó una ofrenda floral en el antiguo monumento a los Niños Héroes de Chapultepec y expresó: “un siglo de rencores se borra en un minuto de silencio”. La frase de Truman y el homenaje tocaron las fibras más sensibles del nacionalismo mexicano y desató el repudio hacia el vecino del norte, al tal grado que al caer la noche, cadetes del Colegio Militar retiraron la ofrenda del monumento y la arrojaron a la embajada estadounidense.

Para apaciguar los ánimos y resaltar los egregios valores de la mexicanidad sobre la amenaza exterior, el gobierno decidió recurrir a la historia. Poco después de la visita de Truman se dio a conocer una noticia que ocupó las primeras planas de los diarios; Durante unas excavaciones al pie del cerro de Chapultepec se encontraron a seis calaveras que se dijo pertenecían a los niños héroes.

A partir de ese momento los “niños héroes” adquirieron otra dimensión y se transformaron en un mito, en 1952 se inauguró su nuevo monumento conocido hoy como el Altar a la Patria y ahí fueron depositados los restos óseos de seis desconocidos pues nunca se comprobó científicamente y documentalmente que efectivamente fueran los cadetes.

 

 

 

 

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